martes, 5 de octubre de 2010

¿Quién me ha robado el otoño?

Todo el mundo sabe que con el fin de septiembre llega el fin del verano. De hecho, en el colegio nos enseñan que el otoño comienza oficialmente el 23 de septiembre (en el hemisferio norte) y precisamente son los escolares los que mejor saben que por esas fechas no son las vacaciones lo único que se termina. Incluso, llegamos a poner nuestras esperanzas en el famoso “veranillo de San Miguel” (29 de septiembre, siempre y cuando Google no mienta). Pero todos sabemos, y estamos más que mentalizados que con la llegada de octubre, el calor se va. Bien, hasta ahí todo perfecto. Lo de siempre, sin novedad, es lo que tiene el otoño. Esa estación bisagra entre altas y bajas temperaturas. Con el comienzo del otoño, sentimos como poco a poco el verano se apaga. Pero en esa metáfora está la gracia. Que se apaga POCO A POCO. No es como si llegas y le das a un interruptor y cambiamos de estación. No. El otoño es una estación de tránsito y eso (junto con la primavera) es lo que hace que nos diferenciemos de otras zonas del planeta donde sólo hay época seca y época de lluvias o donde hay luz 20 horas al día la mitad del año y la otra mitad es de noche todo el tiempo.

En otoño, las hojas de los árboles (caducos) se van secando y visten el paisaje de diversos tonos rojos y amarillos. En una misma semana puedes tener días de mucho viento pero con sol, seguidos por días con mucha lluvia que puede ir desde el aguacero de nuestra vida hasta la “tormenta de verano” pero en versión frío, porque como ya hemos dicho al principio del blog, del verano ya sólo nos quedan los recuerdos. Pero no importa, porque para eso sirve esta rojiza estación. Para mentalizarnos y poco a poco adaptarnos al nuevo estilo de vida o más que estilo de vida, estilo de vestirse. Ya sabéis: paraguas, botas, gorro, bufanda y sin darnos cuenta hasta guantes. Esa es la gracia del otoño que con sus efectos de colores nos engatusa y engaña y sin que prácticamente nos percatemos; nos planta en el invierno. El problema radica cuando por jugar con la temperatura global y dañar el medio ambiente, mamá naturaleza decide castigarnos y saltarse el otoño.

La semana pasada todavía iba a clase en pantalones cortos y chanclas. De hecho, parece ser que hay un pacto secreto entre el clima y los que controlan la temperatura dentro de los edificios y de un día para otro cambian el calor por el frío (fuera) y el aire acondicionado por la calefacción (dentro). En algún momento tendré que investigar más sobre este extraño complot, ya que me habría ahorrado dos horribles días en la cama y una eterna mañana entre la consulta del doctor y la farmacia. Nos quejaremos de la sanidad española y de nuestras salas espera o de las urgencias pero vamos, no las cambio ni por un solo día con lo que tienen en Estados Unidos.

El caso, que con tanto robo de estaciones y tanto cambio brusco de temperaturas, mi pobre organismo que estaba entretenido pensando cómo será eso de pasar Halloween con las calabazas como único aporte cromático típico de la época del año, me he puesto mala y como “recompensa” por las molestias, he podido añadir a mi colección de cosas 100% americanas el típico bote de pastillas naranja (el bote no las pastillas) con tu nombre y tapa a prueba de niños.

[¿Quién no ha visto uno de estos en las películas?]
 
Con otoño o sin él, está claro que el periodo de aquí hasta Navidades promete. A finales de mes tenemos la más que famosa noche de brujas y para amenizar noviembre, ¿qué mejor manera que disfrutar de un buen pavo en acción de gracias?

-Stay toon for more-

domingo, 8 de agosto de 2010

Ray's Hell Burger

Esta semana los Obama están de moda y mi blog no iba a ser menos. El 4 de agosto el Presidente cumplió años y ese mismo día Michelle y su hija pequeña llegaban a España para disfrutar de las vacaciones. A este lado del charco, hace dos semanas, decidimos probar uno de los restaurantes favoritos de Obama: Ray’s Hell Burger. Como podréis deducir por su nombre, es una hamburguesería y casualmente queda al lado de mi casa.

La verdad es que me sorprendió bastante que a un lugar tan pequeño y frenético fuera a comer de forma “habitual” el presidente de esta gran nación. Y ya no sólo que venga él sino que se lleve a tan ilustres comensales como el Vicepresidente Joe Biden o el Presidente de Rusia Dmitry Medvedev.

El local no tendrá más de 50 metros cuadrados y entre el ruido de los fogones y los camareros toca pedir en caja a un tono de voz bastante elevado (pero sin llegar a gritar) la verdad es que el ritmo del establecimiento tiene su encanto. En los no más de 50 minutos que estuvimos allí, la cola no bajaba de las 15 personas (y creedme, se movía muy rápido).

Nada más entrar al sitio surge la primera pregunta: ¿dónde me voy a sentar? Y es que las no más de 15 mesitas que tiene Ray’s están siempre llenas, pero la rotación es sorpresivamente rápida. Además tiene truco, hasta que no has ordenado no puedes buscar mesa así el tiempo de espera mientras pides y te llega la hamburguesa pasa sin que te des cuenta.

[Y el número ganador es… el 85]

Además del sistema de números, pera agilizar los pedidos, nada más te pones en la cola, un señor te entrega una hoja de papel con toda la oferta culinaria del local. La verdad es que la cantidad abruma un poco, pero si entre el bullicio del local consigues concentrarte durante unos minutos seguro que encuentras tu alma gemela en el mundo de las hamburguesas. No sé cual será la favorita de Obama y seguramente la especialidad de la casa sea la súper picante, pero como mi paladar no está por la labor… yo me pedí una bastante sencilla: carne, queso, cebolla y champiñones.

[Rico, rico]

De todas formas, debo de decir… que sigo prefiriendo las de Five Guys. Que conste que mi hamburguesa estaba muy rica, pero las de Five Guys tienen un no-se-que que las hacen simplemente deliciosas. Tal vez, el truco esté en las patatas que están hechas con aceite de cacahuetes. Pero vamos… Que la experiencia mereció la pena y probablemente repitamos pronto.

[Por tamaño de la ración no me puedo quejar]

NOTA: El precio máximo del menú con bebida y patatas y todo tipo de extras en la hamburguesa no debería de superar los 15 dólares pero NO se puede pagar con tarjeta.

-Stay toon for more-

domingo, 1 de agosto de 2010

Yo he sobrevivido

El viernes leí un artículo de El Mundo titulado: Las 'siete plagas' de España y no he podido resistir la tentación de escribir sobre él. Debo de confesar que me lo esperaba mucho más apocalíptico y lo curioso es que a medida que iba leyendo las diferentes “plagas” le iba poniendo un tic (√) a mi lista personal. Creo que después de unos meses a este lado del charco me voy a convertir en una profesional en estos temas. Jajaja.

El artículo en cuestión abre diciendo: “La cucaracha americana, la chinche de cama o el mosquito tigre son algunas de las plagas que han reaparecido o llegado por primera vez a España de la mano de la globalización y el cambio climático.” Y repasando mi lista… ¿qué tenemos?
  • Cucaracha americana – Check √.
  • Chinche de cama – Doble check √√.
  • Mosquito tigre – Por suerte, de momento, no lo he sufrido pero conociendo mi suerte, será mejor que toquemos madera.

Lo “gracioso” del artículo es que después de alertar a la población sobre el aumento de estos incómodos visitantes y sus molestas consecuencias en nuestro día a día en la sección “combate de plagas” se limita a decir que “Los especialistas se encuentran ahora con menos herramientas ante la prohibición de ciertos productos químicos.” Todo un alivio… no sé como el lector podrá dormir más tranquilo sabiendo esto.

Por suerte para mis queridos seguidores, soy una superviviente e incluso actual luchadora (las cucarachas se resisten). Como pequeño brico-consejo para cerrar el post de hoy os diré que si por desgracia tenéis chinches en casa, lo más probable es que vivan en vuestro colchón. La solución más efectiva al problema no es demasiado práctica pero a parte de que hay que cambiar el camastro, sería bueno que durante una buena temporada dejarais el nuevo envuelto en plástico. De esta forma os aseguráis que si las chinches no estaban viviendo en el colchón, no lo hagan en el nuevo y al no poder acceder a alimento (nuestra deliciosa sangre) se terminen muriendo del todo. Insisto que esto es sólo un consejo casero y que probablemente haya otras formas de combatir a las chinches pero desde que duermo con la funda de plástico a mi no me han vuelto a picar.

Por otro lado si vuestro problema son las cucarachas, me estoy especializando en la americana ('Periplaneta americana') Ni cucal, ni sprays de última tecnología que además de dejar un olor repulsivo o tremendamente denso por la casa seguro que poco a poco también nos envenena a nosotros. Lo que “las mata bien muertas” y en cuestión de segundos es el alcohol. Puede que el vodka sirva, pero yo me inclino por el alcohol que todos tenemos en el botiquín. Es algo tan simple y barato que me cuesta creer que no sea un pesticida reconocido a nivel popular pero supongo que es porque no les interesa a las empresas. Creedme, es infalible. En España os recomendaría una botella de alcohol de 96º (que es la graduación más alta que conocía) hasta que llegue a los US y descubrí uno de 99º así que si lo encontráis mejor. Una vez tengáis a mano el líquido elemento y os encontréis cara a cara con tan desagradable bicho simplemente rociarle con un buen chorrito y contad hasta 10. Primero correrán todo lo que puedan, luego se retorcerán y finalmente morirán delante de vosotros. Y lo mejor de todo es que el alcohol que no absorba el bicho desinfectará vuestro hogar y eventualmente se evaporará. Si es que los trucos que os doy son todo ventajas. Jajaja.

-Stay toon for more-

lunes, 19 de julio de 2010

El mundial que bien vale un post!

Waka-Waka!!! A estas alturas del verano, es imposible haber odio más del mundial pero con la de alegrías que nos ha traído no podía evitar escribir un post a nuestra querida selección. La verdad es que en cierto modo me dio un poco de rabia no estar en Madrid para celebrar por todo lo alto, pero después de saltar y chapotear en la fuente de DuPont Circle… tuve un momento de serenidad mental y me dí cuenta que en el fondo, mejor estas en Washington. Aquí, la comunidad española se unió en cánticos y celebraciones que bien pudieron cubrir el vacío patrio. En la fuente nos dedicamos a mojar a extraños, brincar abrazados de desconocidos y hasta italianos o colombianos cantaron orgullosos el “yo soy español”. De haber estado en Madrid, probablemente no hubiéramos salido de la piscina. Eso de bajar hasta el centro de la ciudad, con la euforia colectiva desatada, probablemente me hubiera dado bastante pereza.

Pero estoy adelantando acontecimientos… para este post hay que retroceder al primer partido de la selección en el mundial. Para empezar como es debido este post, hemos de trasladarnos hasta el único partido que perdimos en este mundial. El terrible España-Suiza que a más de uno nos hizo pensar que no pasaríamos de la fase de grupos. De hecho, recuerdo perfectamente como durante el partido, los simpáticos de la televisión estadounidense se dedicaron a pasar estadísticas fatales tales como “ningún equipo que ha perdido en su primer partido ha llegado a la final” pero como sabemos, con la furia nadie puede.

Lógicamente, después del susto contra Suiza, decidí cambiar mi estrategia y hacer promesas por cada partido que fuéramos ganando. Además de las buenas intenciones por mi parte, me llegó desde Brasil un regalo fantástico que ya anticipaba el apoyo por parte del equipo del Jogo Bonito
 
[Equipación española con sabor 100% havaiano]

Para el partido contra Honduras, decidimos crear una pequeña resistencia española en casa de Vicky (eso de ver los partidos en solitario no era muy emocionante) Además, la pantalla gigante de nuestra anfitriona era un atractivo muy tentador para seguir los partidos. 
 
[Y nos vestimos de rojo]

En el partido corta Chile hubo un par de momentos confusos ya que ellos también son “la roja” y nos costaba interiorizar que estábamos jugando con el azul. Ganamos y pasamos a octavos. Ahora sí que ha empezado el mundial. 
 
[La furia sólo hay una. Resultado: España 2, Chile 1]

Debido a incompatibilidad de horarios, el partido contra Portugal lo tuve que ver sola en casa para poder llegar a tiempo a clase, pero eso no impidió que sacáramos la artillería roja. Y pasáramos a cuartos.
 
[Con las uñas cual bandera y clavelitos en el pelo,
mandamos a los lusos de vuelta a casa]

La selección guaraní (Paraguay) puede que contaran con la motivación de ver a Larissa desnuda, pero nosotros tenemos a San Iker y a una selección con muchas ganas de romper la maldición de los cuartos. Como habíamos ganado a Portugal, en este partido me toco pintarme toda la cara al más puro estilo Braveheart. Sólo comentar que fue todo un orgullo subirme a un autobús repleto de gente con los colores de un equipo ganador.
 
[¡¡Estamos en semifinales!!]

Para enfrentarnos en condiciones contra Alemania, María y yo decidimos acompañar el partido con unas cervezas y elegimos un bar irlandés cerca de mis clases. Casualidades de la vida, éramos las únicas que apoyábamos a la roja en todo el local. Por suerte los alemanes se lo tomaron con filosofía y al final hasta nos hicimos amigos. 
 
[¿Será que los sueños sí se cumplen?]

Sobre la final, que os puedo decir… El nivel de nervios era máximo. Y por supuesto todo el grupo internacional de DC estaba con España. Como era la primera vez en la historia que llegábamos tan lejos en un mundial, decidimos prepararlo a lo grande y nos reunimos todos en un bar de deportes con pantalla gigante en Georgetown.
 
[Que la fuerza (roja) te acompañe]

Si nuestro grupo ya de por sí era numeroso, imaginaros la previa del partido al tomar el piso de arriba como bastión de apoyo a la selección. Todo aquel que aparecía por las escaleras era preguntado sobre su fidelidad y “bautizado” con unas banderitas en las mejillas. Al principio la gente era reticente a dejarse pintar por una extraña disfrazada de bandera, pero según la gente iba llegando y la hora del partido se acercaba, los recién llegados se acercaban a nuestra mesa preguntando por la “chica de las pinturas”.
 
[Lógicamente, los fans naranjas
no eran muy bien recibidos en nuestro piso]

De hecho, durante el descanso, hubo un valiente que me pidió cambiar las banderas por un diseño más agresivo: la cara entera. Las esperanzas en llegar a ser campeones iban en aumento y cada vez que el inglés sacaba un tarjeta, el bar entero comenzaba a corear “Oé, Oé, Oé” con alguna versión de “ole, ole” claro. Sobra decir que cuando por fin, el arbitro saco el cartón rojo para la naranja mecánica hubo mucho más que miradas de odio por parte de los valientes (o insensatos) que seguían en nuestra zona.
 
[Todos con la selección]

Después, llegamos a la prorroga y por un momento sentí que el sueño del mundial iba a desaparecer en los penaltis. Pero llegó Iniesta e hizo historia. La euforia se desató, el suelo vibro con el salto colectivo y hasta alguna jarra de cerveza sirvió de baño de gloria. Abrazos, gritos y muchas sonrías. Cuatro minutos más y el partido se acabaría dejando a la selección en lo más alto del mundo.
 
[Celebración en Dupont Circle]

Tal y como se había pactado, al finalizar la entrega de la copa, pusimos rumbo a Dupont donde habíamos sido convocados en caso de ganar y bueno, lo siguiente creo que se vivió en cualquier rincón del mundo donde hubiera un español. Saltos, canciones, abrazos, gritos, sonrisas y agua (mucha agua). Hasta los no-españoles se sintieron ganadores y no dudaron en celebrar con los expatriados como uno más. Niños, jóvenes y no tan niños se lanzaron sin dudar al agua. Literalmente, una marea roja tomó la plaza y entre brincos y canciones fuimos encontrando a más de una cara conocida.
 
 [Campeones, gracias por todas las alegrías de este mundial.]

-Stay toon for more-

sábado, 10 de julio de 2010

Feliz Cumpleaños US of A

Anoche no paró de llover. Volvimos de fiesta a eso de las 2 de la mañana y hasta que conseguí quedarme dormida a las 6, el sonido de la lluvia contra la ventana me hizo preguntarme cómo es posible que el tiempo pueda cambiar tanto en tan poco tiempo.

Sé que este post significará un salto importante en el tiempo y destruirá el eje cronológico que hasta ahora había seguido para relatar mis aventuras por este lado del mundo, pero si no lo hago, creo que me costará demasiado tiempo ponerme al día y muchas de las historias divertidas que tengo que contaros se perderán en la memoria pez que tengo. Sé que la última vez que escribí, había prometido “volver” y no permitir que pasara tanto tiempo sin actualizar el blog pero de verdad no he parado de hacer cosas y no parece que la dinámica vaya a cambiar. También sé que antes de escribir sobre el 4 de julio debería escribir un post sobre las últimas semanas del trimestre de primavera. Sé que debería contaros el éxito de mi clase de sevillanas y como tras sólo dos meses y medio de clase mis pupilos actuaron en la iParty siendo el único grupo que hizo un bis durante la noche.

[Clase de Sevillanas G-town Spring 2010]

Tengo muy presente que antes de hablar sobre esta semana, debería hablar sobre lo que es el día de Georgetown, sobre la fiesta que se monta en el campus, la cantidad de comida, actividades y cosas que se pueden hacer a celebrar el orgullo de pertenecer a la familia de los Hoyas. Sé que debería contaros sobre el artículo que una estudiante de master de periodismo hizo sobre mi iniciativa para mezclar las diferentes culturas presentes en la universidad y unirlas con la música o el baile. También sé que os debería hablar de la fiesta de graduación y la entrega de premios que los de mi programa se inventaron para darle aún más glamour a la noche y por supuesto debería hablaros de mi primer Bridal Shower o como lo llamaríamos en España, mi primera despedida de soltera.

[Lo que ocurre entre señoritas, sólo lo saben las señoritas]

Sin embargo, he llegado a la conclusión de que si no cambio la tendencia de contar todo en orden cronológico se me van a acumular demasiadas historias y jamás podré escribir un post sobre la fiesta del bigote en Madrid, la fiesta de la Toga en Hong Kong, mis viajes por Beijing o el road-trip aventura de ir a la playa en Dewey Beach. Esos post llegaran, pero si no paro en seco y re-estructuro la maquinaria no podré contaros detalles tan poco importantes como el hecho de que me he sacado el carnet de conducir del estado de Virginia (válido en el resto de estados de esta gran unión)

 [Ahora sólo falta hacerme con un coche]

Lo dicho, el tiempo cambia (y pasa) muy rápido. En el último post os contaba cómo iba a empezar el mundial y mañana se juega la final. Histórica, por cierto, ya que España está en ella. El mes de junio se ha derretido delante de mis ojos y apenas he podido darme cuenta. A lo mejor, es porque mi cerebro con los 38ºC que hemos sufrido en los últimos días no piensa con mucha claridad pero la verdad es que este verano se me está pasando volando.

Hace una semana llegó María a Washington y juntas celebramos el cumpleaños de la nación. Un amigo nos invito a una fiesta 100% estadounidense y los colores de la patria estaban por todas partes.

[No sé hasta que punto comerte la bandera sea legal, pero bueno.]

[Los gorritos y las banderas no podían faltar en semejante fecha.]

El domingo por la mañana fuimos a ver el desfile del 4 de julio y debo de decir que comparado con el de Memorial Day, deja bastante que desear. En esta ocasión no hubo soldaditos, marineros, ni aviadores marchando en perfecta armonía. Sí hubo un par de bandas que recordaban bastante a los desfiles en Disney pero no nos regalaron ninguna banderita. Supongo porque el negocio ese día era venderlas mientras que en Memorial Day es un orgullo para los Boy Scout repartirlas entre los asistentes.

[El tío Sam, por supuesto, no se perdió la fiesta nacional.]

En la noche del 4 de julio, el plan de todo el mundo es ir a ver los fuegos artificiales. Algunos insensatos se arman de valor y deciden verlos desde el National Mall pero esa es una locura sólo para valientes guerreros. Nosotras, por cortesía de Mariana (mi amiga boliviana que lleva 10 años viendo en DC) nos fuimos a una fiesta en un penthouse en el barrio de Georgetown donde disfrutamos de una vistas, más que bonitas, maravillosas.

[El Glamour... es lo que tiene celebrar en un "roof - top".]

-Stay toon for more-

miércoles, 9 de junio de 2010

He vuelto!!

El problema de escribir sobre las cosas que haces es que si empiezas a hacer muchas cosas, no tienes tiempo para escribir y sin darte cuenta pasan casi dos meses de inactividad bloggera aunque en el mundo real no hayas parado. Que vergüenza...

En fin, antes de que la bola de nieve se haga muuuucho más grande, (a modo de ejemplo sólo comentar que este fin de semana no sólo empieza el mundial -que bien se merece un post- sino que me voy a la playa en versión supervivientes) más me vale echar mano de la agenda y retomar las pato-aventuras antes de que sea demasiado tarde:

Érase una vez semana santa del 2010.
Para los que no se acuerden, Oli y Cris estaban de visita por esas fechas así que la familia cucharita estaba al completo. Sólo nos faltaba “el pincho de fondue” pero a falta de tan legendario componente, decidimos investigar sus orígenes e ir a visitar a su familia. ¡Nueva York nos espera!

El jueves santo a eso de las 7 de la mañana nos subimos en un “chinabus” rumbo a la gran manzana. Para quienes no lo sepan, lo del chinabus es un sistema un tanto dudoso de conexión automovilística entre las principales ciudades de la costa este. Por supuesto los dueños de este servicio son nuestros simpáticos amigos asiáticos y los precios son 100% “made in China” en otras palabras; por 30€ puedes conseguir un Washington DC – Nueva York y vuelta sin riesgo de morir en el camino. Jejeje.

A las 11 de la mañana (aprox.) llegamos a NYC y pusimos rumbo a la estación central donde, inocentes de nosotras, pensábamos dejar las maletas. Craso error. Desde el 11 de septiembre no se aceptan objetos desconocidos en ningún punto de toda la ciudad por lo que tuvimos que hacer turismo pegadas a nuestras maletitas de mano. Afortunadamente tenían tracción en las cuatro ruedas y las aceras de la Gran Manzana pronto cayeron a nuestros pies. ¿O tal vez fueron nuestros pies los que cayeron rendidos?

[Desde la caída de las Torres Gemelas, el Empire State Building
vuelve a ser el rascacielos más alto de la ciudad]

El viernes, con las maletas a buen resguardo en Connecticut, nos entregamos a la conquista de Manhattan. No sin antes arriesgar nuestras vidas en un peligroso trayecto que unía nuestro hogar con la estación de tren en Old Greenwich. Hay rumores que dicen que cuando abandonas las grandes ciudades en Estados Unidos, todo lo demás son pueblos y en cierto modo tienen razón, por que al menos lo que son aceras no lo tienen muy desarrollado más al norte del río Hudson. Pero ni aceras ni los trozos esos de piedras mal colocadas que tenemos a los lados de la carretera en La Moraleja. Eso, en todo caso hubiera sido un lujo. Pero volviendo al paseo suicida rumbo a Nueva York… Tras una media hora de caminata en línea india y pasando por debajo de varios puentes donde seguramente más de una persona si tuviera que esconder un cadáver lo enterraría debajo de semejantes estructuras, llegamos a la estación. A diferencia de la noche anterior en este trayecto sí que nos toco silla y como no era el tren Express también una pequeña siesta para reponer fuerzas.

[A pesar de mis ruegos,
las niñas no quisieron ir a visitar a la Señora Libertad.]

La foto que viene a continuación requiere una mención especial. Sobre todo porque tras la odisea para conseguir sacarla, ha habido varias versiones de los hechos, cada cuál más variopinta. Ha habido incluso versiones de personas que ni siquiera estaban presentes, pero disfrutaron tanto la anécdota pudieron visualizar sin ningún problema toda la situación.

Os voy a poner en contexto: después de pasear por Battery Park decidimos conquistar la ciudad desde Broadway hacia el norte y por supuesto pasamos por el famoso toro de Wall Street pero que no está en Wall Street. En inglés se llama “Charging Bull” y lógicamente está en una postura de embestida inminente, con lo cual a mi no me pareció suficiente hacernos la foto a su lado sino que decidí subirme y “coger el toro por los cuernos”. Hasta ahí todo bien, pero si tenemos en cuenta que el bicho 3.200 kilos… imaginad sus dimensiones. Lo de subirse al toro es una actividad tan compleja como treparse a los leones de Trafalgar Square en Londres o a la columna de la Bastilla en París. Eso sí, la “toma” de esta última solo se puede hacer en medio de una manifestación como por ejemplo contra la guerra de Irak, que sino, seguro te detienen.

Volviendo al Toro: Es algo que resulta complicado pero no imposible. Complicado, sobre todo, si a la altura que hay que subirse le añadimos:
  1. el factor “Catalina no tienes un peso pluma”
  2. el hecho de que “el toro tiene una superficie lisa que con el paso de los años incluso resbala”
  3. el punto de que “te esta ayudando a subir Cris que no puede ni con una caja de cinco kilos de naranjas”
Sin olvidar a Olivia farfullando todo tipo de cosas y muerta de la vergüenza porque le tocaba hacernos la foto cuando lo que, en realidad, ella quería era desvincularse de nosotras por completo porque ADEMÁS en un momento clave del ascenso nos surgió competencia infantil que obviamente subía y bajaba de una forma mucho más ágil y graciosa.

Si le sumamos todos esos factores al simple hecho de “quiero subir al toro” pues la cosa resulta un poquito más complicada pero aunque desde esa perspectiva la conquista pareciera larga e incluso eterna, sólo nos hicieron falta unos minutos y pudimos dar la misión por cumplida.

[La foto no le hace justicia a la complejidad del ascenso]

Después de semejante aventura, cualquier cosa que hiciéramos durante el resto del día perdió importancia, pero sería un error subestimar la belleza del puente de Brooklyn, el bullicio de Chinatown, la comida de little Italy o los efectos ópticos del Flat Iron.

Al día siguiente decidimos explotar al máximo nuestras cabezas (en todos los sentidos) por la mañana visitamos el MOMA, y a eso de las 3 de la tarde nos congregamos en Union Square para la quinta batalla anual de Almohadas.

[Las chicas son guerreras]

Nunca subestiméis el poder de una almohada. Los golpes pueden llegar a ser muy dolorosos. Sobretodo si en pleno repliegue del escudaron una mujer del tamaño de un vikingo decide que los desertores de la batalla son unos débiles que no merecen una retirada a tiempo sino morir en el campo del honor.

Después de la plumífera batalla (y eso que se pedía encarecidamente que las almohadas no fueran de plumas para facilitar la limpieza) dimos un paseo por central Park, rememoramos a los Beatles y nos culturizamos en el Metropolitan.
 

[Todo ser humano es una obra de arte]

Por supuesto, el cierre con broche de oro al viaje de Nueva York, vino de la mano nuestra mamá adoptiva temporal y su eterno espíritu “infantil” que consiguió involucrarnos a todos en el Egg Hunt más disputado pero divertido de los últimos años donde no hay ganadores o perdedores sino participantes.

[Gracias María Inés]

-Stay toon for more-

lunes, 12 de abril de 2010

Pre-Easter y el National Cherry Blossom Festival

Después del viaje a Filadelfia tocaba una semana de “preparación”. Con la semana santa a la vuelta de la esquina, la inminente visita de Olivia y Cris y el viaje a Nueva York acechando, había que organizarse, adelantar todo el trabajo posible. Por supuesto, la actividad cultural de la semana la cubrimos con una visita al Capitolio que no en vano es uno de los puntos turísticos más interesantes de la ciudad.

[Vista del Capitolio y del Obelisco desde la Biblioteca del Congreso]

Casi sin darme cuenta, la semana de preparativos se terminó y llegaron las niñas. El martes 30, me solidarice con sus necesidades turísticas y como estaban recién llegadas a la capital, decidí acompañarlas a la Casa Blanca. El miércoles, el sol brillaba y la temperatura invitaba a dar un paseo por lo que fuimos a ver los famosísimos cerezos en flor que rodean la Tidal Basin. 

[El rosa es el color de la primavera en Washington DC]

En 1912 Japón le regaló a la ciudad de Washington ni más ni menos que 3000 cerezos para honrar la buena relación existente entre el pueblo del tío Sam y el reino nipón. Desde entonces ambos países se han intercambiado arbolitos en varias ocasiones: En 1915 el gobierno de los US les devolvió el gesto ecologista con unos cornejos y en 1965 los asiáticos les volvieron a regalar 3800 cerezos más. En definitiva, DC tiene una buena colección. De hecho en 1981, tras unas fuertes inundaciones en Japón fueron los Yankees los que enviaron un par de cerezos a reponer los devastados.
 
Entre unas cosas y otras, supongo que por culpa de la nieve y sobre todo debido al paso del tiempo, hoy en día en Washington tenemos 3.750 cerezos. Cifra que se dice pronto, por lo que verlos florecidos es un espectáculo que de verdad, vale la pena. De hecho desde 1935 se celebra un “festival”. Supongo que al principio se trataba sólo de un desfile con fuegos artificiales a modo de clausura pero desde 1994, el festival dura dos semana y cuenta con todo tipo de actividades culturales y de ocio.

[Vista del Jefferson Memorial con los cerezos en flor]

Se que voy con "retraso", pero recordad que llevaba varios días con visita y no he podido actualizar antes. Sin embargo os adelanto que en el próximo post tendremos… ¡La Gran Manzana!

-Stay toon for more-