jueves, 9 de diciembre de 2010

Hasta el año que viene

¡Se acabó!  Sin apenas darme cuenta el último día de clases ha terminado y con ellas el semestre. En exactamente dos días estaré subiéndome en un avión rumbo a Colombia para huir del frío tan insoportable que está azotando la pequeña capital del gran imperio pero no puedo irme sin antes compartir con el blog mi regalo de cumpleaños: Un viaje a Nueva Orleans.

Mi cumpleaños por lo general suele coincidir con una de las fiestas más importantes para los estadounidenses (Acción de gracias) pero una cosa es saberlo y oírlo de lejos y otra bien diferente es “vivirlo”. El éxodo masivo de las ciudades para reunirse con los seres queridos fue cuando menos sorprendente y eso que yo me fui de Washington DC el martes por la noche y no el miércoles como la mayoría de los viajeros. El tren estaba literalmente hasta arriba y varias fueron las personas que hicieron el recorrido de pie. Con semejante panorama debo de confesar que me preocupo un poco eso de ser el punto de mira de posibles ataques terroristas,  pero bueno,  no por ello voy a dejar de viajar…
 
El jueves por la mañana y lidiando con el transporte público en horario festivo llegamos al aeropuerto de Baltimore con tiempo de sobra para almorzar y todo así que cuando llegamos a Nueva Orleans a las 3 de la tarde aprovechamos la última hora y media de sol para pasear por la orilla del Mississippi que da al French Quarter.

[Nada como el encanto francés para entrar en ambiente.]

Esa noche y después de una cena sin pavo, fuimos a bailar a un local típico de la ciudad: El Rock & Bowl (sí de bowling, bolos) donde como cada noche de Acción de Gracias durante los últimos 25 años viene el mismo grupo de Zydeco. Me encantaría poder describir en qué consiste exactamente eso del Zydeco pero mi cultural musical no es tan amplia como para hacer una buena metáfora, así que aprovechando una de las herramientas del blog, os dejo un video para que (más o menos) podáis imaginaros de qué va. Por supuesto, no os perdáis los movimientos de las piernas con botas vaqueras que parecen hechas de goma y según se vaya moviendo la cámara no perdáis detalle de la bola de discoteca con lucecitas colgada del techo o de las otras parejas que enfoco, sobre todo hacia el final donde la bailarina (joven de espíritu) va ataviada al más puro estilo ochentero con leggins, enormes zapatillas blancas y camiseta de leopardo (no tiene desperdicio) para cerrar nuevamente con el vaquero y la pareja que va en chanclas.


Al día siguiente y cumpliendo con la predicción meteorológica,  nos despertamos con un día gris y mojado pero una simple lluvia no le resta encanto a la ciudad y nos fuimos a desayunar beignets (una especie de donuts) a Café du monde (sí, todo muy francés) como la lluvia parecía no ceder, visitamos un museo sobre el “oscuro” mundo vudú y por la tarde aprovechamos para disfrutar de un tranquilo paseo sobre las aguas del gran Mississippi, por supuesto en barco de vapor.


El sábado otra sorpresa de cumpleaños me estaba esperando y justo después de comer una furgoneta nos recogió en la puerta del hotel para llevarnos a los pantanos de Honey Island e intentar ver algún caimán. Lo cierto es que caimanes sólo vimos uno ya que por esta época del año los reptiles como buenos animalitos de sangre fría están invernando. Pero en el recorrido nos dio tiempo a ver garzas, búhos, tortugas y hasta “nutrias” que no son como las nutrias en español sino más bien una cobaya tamaño gato adulto. Al parecer en verano los hay caimanes a montones pero aunque no hubiéramos visto ninguno, el paisaje es tan bonito que ya por eso vale la pena el viaje.
 
[Si habéis visto la película de los Rescatadores (Disney)
el bayou os tiene que resultar familiar.]

Por la noche y gran final a un viaje fabuloso, fuimos a Preservation Hall, parada obligada para cualquier amante del Jazz o simplemente amante de la buena música. El lugar es bastante curioso. No tiene barra (bar) ni aseos ni nada. Consiste literalmente en una sala donde en un extremo se coloca la banda, a mitad de la habitación hay un par de sillas colocadas unas tres filas y el fondo es un espacio vacío para que pueda entrar de pie todo el público que se atreva. Nosotros tuvimos “suerte” y pudimos quedarnos (también de pie) al lado de la puerta que da acceso a la zona de la banda. Todo muy bohemio  pero una vez la música empieza a sonar, perfectamente podrías pensar que te encuentras en uno de los mejores auditorios del mundo ya que la calidad de los músicos es impecable.

[En la cuna del Jazz, dedicar una noche a la música era una obligación]

El domingo por la mañana visitamos el distrito de los jardines, pero para cerrar este blog creo que es mejor aprovechar un video que grabé de forma “ilegal” en Preservation Hall y dejar que los pocos segundos que capturé os trasladen hasta la ciudad en forma de croissant, la bella Nueva Orleans.


-Stay toon for more-

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Catoctin Mountain Park

Aunque en mi post pasado, me quejaba del robo del otoño, la verdad es que estos días las calles están de lo más bonitas con los árboles de hoja caduca luciendo todos los colores que os podáis imaginar dentro del espectro otoñal.

[Si la ciudad está así, imaginad cómo están los bosques]

Hace dos sábados un grupo de valientes exploradores se reunieron a las puertas del campamento base que Outdoor Education tiene instalado en el campus principal de Georgetown. Supuestamente estos intrépidos aventureros se adentrarían en las montañas de Maryland y pasarían la noche en lo más profundo de la naturaleza para, a la mañana siguiente, disfrutar de un revitalizador paseo por el bosque, almuerzo al más puro estilo supervivientes para regresar finalmente sanos y salvos a Washington el domingo por la tarde.

La verdad es que nos esperábamos una cabaña típica de las películas (de miedo) que tanto juego dan a los asesinos en serie. Imaginároslo, 12 jóvenes universitarios aprovechan un fin de semana para desconectar en el bosque cuando al caer la noche aparece Jack el destripador y buh! Pero nada de eso… nuestra “cabaña” en cuestión resulto ser una preciosa casita ciertamente alejada de la ciudad pero en una bien comunicada zona residencial. Eso sí, la casa de enfrente tenía toda la pinta de estar embrujada.

[Sí, con todo el ”encanto” del mundo pero menos mal que esta no era nuestra cabaña]

Es cierto que el no estar incomunicados en medio de la nada nos desilusionó un poco, pero la velada fue de lo más agradable con Marshmallows asados a fuego lento y todo. Y el paseo (de unos 6 kilómetros) el domingo a mediodía, no tuvo desperdicio. La gente dice que el otoño es una estación “triste” por eso de que las hojas se caen y todo parece muerto, pero a mí me parece que en otoño es cuando la naturaleza muestra su mejor cara y el bosque se llena de colores que a veces sólo imaginamos ver en la paleta de un pintor.

[Azul, dorado, rojo, amarillo, verde y marrón… ¿alguien da más?]

-Stay toon for more-

lunes, 8 de noviembre de 2010

Halloweek of Halloween

Me resulta curioso que siendo la “noche de brujas” una de las fiestas que más beneficios genera en Estados Unidos, el 1 de noviembre no sea festivo. Igual, también hay un factor económico detrás de todo ello, porque muertos hay en todas las partes sin importar la cultura o la religión... Pero bueno, Con o sin celebración del día de los muertos, la noche previa sigue siendo toda una fiesta llena de dulces y disfraces variados.

Sin embargo, antes de contaros sobre el 31 de octubre,  tengo que hablaros sobre el Rally to Restore Sanity del sábado 30. Aunque el motivo de la manifestación pedía restaurar la cordura en Estados Unidos, sobre todo con las elecciones del 2 de noviembre a la vuelta de la esquina, lo que se vivió en la explanada del National Mall fue una verdadera locura. Tanto, que ya tiene hasta su propia entrada en la Wikipedia. Y según esta sabia ciber-pedia, al rally acudieron 215.000 personas. Lógicamente, con tanto bicho suelto por la calle y Halloween en el ambiente se podía ver de todo. Desde a un Jesucristo subido a una farola hasta a una pareja disfrazada de bolsas de té (haciendo referencia al Tea Party). Por supuesto los carteles reivindicativos también eran de lo más variados. Desde consignas claramente políticas hasta pancartas llenas de humor. Por mi parte, lleve mi bandera Española de paseo y fueron varios los que recordaron el mundial a su paso, lo cual me subió bastante la moral entre tanto yankie descontento con el sistema.

[En un día de cuerda demencia, Europa reconquista los US]

El domingo por la mañana, se celebró la trigésimo quinta edición del Marine Corps Marathon en el que participó el tío Rafael. Cierto es que no terminó entre los 500 primeros pero de los 35.000 participantes, su marca de 5 horas y 51 minutos lo colocaron en la posición 12.031 (entre los hombre) y 19.371 de la clasificación general.

[Cualquiera que termine una carrera de 42km, se merece una medalla]

Por la noche, ya metidos en el espíritu de los espíritus, nos dirigimos al campus, a Gaston Hall, para participar en una de las tradiciones más terroríficas de Georgetown: Ver el exorcista. Para los que aún se hayan resistido a la película, como nota informativa, aclarar que una gran parte de la cinta se rodó no sólo en la universidad sino en su barrio. Puede que parezca una tontería, pero eso de ver sitios conocidos en la gran pantalla le hace ilusión a mucha gente y nada como una dosis de aplausos y vítores para romper con la tensión típica de las películas de terror.

Como dato gracioso de la noche, contaros que gané un concurso de disfraces ($75 dólares a gastar en la tienda de la uni) y no os creáis porque mi disfraz fue de lo más elaborado. Si estuviera en Madrid, se podría haber dado el caso, pero este año alejada de mi máquina de coser, la fortuna quiso que fuera de las pocas (por no decir) de las únicas que se acercó a ver la peli disfrazada y ganara sin mucha dificultad un no tan reñido concurso. Jajaja.

Después de la película, por no romper con las tradiciones de la cuidad, dimos un paseo por M Street donde vimos disfraces de todos los estilos y también, nos dejamos ver. Este año no hubo grandes fiestas hasta altas horas, ni atracones de azúcar (de hecho, por mi casa ningún niño pasó a pedir caramelos) pero tanto las decoraciones de varios portales como el ambiente de la calle hizo que la celebración se viviera de todos modos.

 [Brujas y calabazas, hasta el año que viene]

-Stay toon for more-

martes, 5 de octubre de 2010

¿Quién me ha robado el otoño?

Todo el mundo sabe que con el fin de septiembre llega el fin del verano. De hecho, en el colegio nos enseñan que el otoño comienza oficialmente el 23 de septiembre (en el hemisferio norte) y precisamente son los escolares los que mejor saben que por esas fechas no son las vacaciones lo único que se termina. Incluso, llegamos a poner nuestras esperanzas en el famoso “veranillo de San Miguel” (29 de septiembre, siempre y cuando Google no mienta). Pero todos sabemos, y estamos más que mentalizados que con la llegada de octubre, el calor se va. Bien, hasta ahí todo perfecto. Lo de siempre, sin novedad, es lo que tiene el otoño. Esa estación bisagra entre altas y bajas temperaturas. Con el comienzo del otoño, sentimos como poco a poco el verano se apaga. Pero en esa metáfora está la gracia. Que se apaga POCO A POCO. No es como si llegas y le das a un interruptor y cambiamos de estación. No. El otoño es una estación de tránsito y eso (junto con la primavera) es lo que hace que nos diferenciemos de otras zonas del planeta donde sólo hay época seca y época de lluvias o donde hay luz 20 horas al día la mitad del año y la otra mitad es de noche todo el tiempo.

En otoño, las hojas de los árboles (caducos) se van secando y visten el paisaje de diversos tonos rojos y amarillos. En una misma semana puedes tener días de mucho viento pero con sol, seguidos por días con mucha lluvia que puede ir desde el aguacero de nuestra vida hasta la “tormenta de verano” pero en versión frío, porque como ya hemos dicho al principio del blog, del verano ya sólo nos quedan los recuerdos. Pero no importa, porque para eso sirve esta rojiza estación. Para mentalizarnos y poco a poco adaptarnos al nuevo estilo de vida o más que estilo de vida, estilo de vestirse. Ya sabéis: paraguas, botas, gorro, bufanda y sin darnos cuenta hasta guantes. Esa es la gracia del otoño que con sus efectos de colores nos engatusa y engaña y sin que prácticamente nos percatemos; nos planta en el invierno. El problema radica cuando por jugar con la temperatura global y dañar el medio ambiente, mamá naturaleza decide castigarnos y saltarse el otoño.

La semana pasada todavía iba a clase en pantalones cortos y chanclas. De hecho, parece ser que hay un pacto secreto entre el clima y los que controlan la temperatura dentro de los edificios y de un día para otro cambian el calor por el frío (fuera) y el aire acondicionado por la calefacción (dentro). En algún momento tendré que investigar más sobre este extraño complot, ya que me habría ahorrado dos horribles días en la cama y una eterna mañana entre la consulta del doctor y la farmacia. Nos quejaremos de la sanidad española y de nuestras salas espera o de las urgencias pero vamos, no las cambio ni por un solo día con lo que tienen en Estados Unidos.

El caso, que con tanto robo de estaciones y tanto cambio brusco de temperaturas, mi pobre organismo que estaba entretenido pensando cómo será eso de pasar Halloween con las calabazas como único aporte cromático típico de la época del año, me he puesto mala y como “recompensa” por las molestias, he podido añadir a mi colección de cosas 100% americanas el típico bote de pastillas naranja (el bote no las pastillas) con tu nombre y tapa a prueba de niños.

[¿Quién no ha visto uno de estos en las películas?]
 
Con otoño o sin él, está claro que el periodo de aquí hasta Navidades promete. A finales de mes tenemos la más que famosa noche de brujas y para amenizar noviembre, ¿qué mejor manera que disfrutar de un buen pavo en acción de gracias?

-Stay toon for more-

domingo, 8 de agosto de 2010

Ray's Hell Burger

Esta semana los Obama están de moda y mi blog no iba a ser menos. El 4 de agosto el Presidente cumplió años y ese mismo día Michelle y su hija pequeña llegaban a España para disfrutar de las vacaciones. A este lado del charco, hace dos semanas, decidimos probar uno de los restaurantes favoritos de Obama: Ray’s Hell Burger. Como podréis deducir por su nombre, es una hamburguesería y casualmente queda al lado de mi casa.

La verdad es que me sorprendió bastante que a un lugar tan pequeño y frenético fuera a comer de forma “habitual” el presidente de esta gran nación. Y ya no sólo que venga él sino que se lleve a tan ilustres comensales como el Vicepresidente Joe Biden o el Presidente de Rusia Dmitry Medvedev.

El local no tendrá más de 50 metros cuadrados y entre el ruido de los fogones y los camareros toca pedir en caja a un tono de voz bastante elevado (pero sin llegar a gritar) la verdad es que el ritmo del establecimiento tiene su encanto. En los no más de 50 minutos que estuvimos allí, la cola no bajaba de las 15 personas (y creedme, se movía muy rápido).

Nada más entrar al sitio surge la primera pregunta: ¿dónde me voy a sentar? Y es que las no más de 15 mesitas que tiene Ray’s están siempre llenas, pero la rotación es sorpresivamente rápida. Además tiene truco, hasta que no has ordenado no puedes buscar mesa así el tiempo de espera mientras pides y te llega la hamburguesa pasa sin que te des cuenta.

[Y el número ganador es… el 85]

Además del sistema de números, pera agilizar los pedidos, nada más te pones en la cola, un señor te entrega una hoja de papel con toda la oferta culinaria del local. La verdad es que la cantidad abruma un poco, pero si entre el bullicio del local consigues concentrarte durante unos minutos seguro que encuentras tu alma gemela en el mundo de las hamburguesas. No sé cual será la favorita de Obama y seguramente la especialidad de la casa sea la súper picante, pero como mi paladar no está por la labor… yo me pedí una bastante sencilla: carne, queso, cebolla y champiñones.

[Rico, rico]

De todas formas, debo de decir… que sigo prefiriendo las de Five Guys. Que conste que mi hamburguesa estaba muy rica, pero las de Five Guys tienen un no-se-que que las hacen simplemente deliciosas. Tal vez, el truco esté en las patatas que están hechas con aceite de cacahuetes. Pero vamos… Que la experiencia mereció la pena y probablemente repitamos pronto.

[Por tamaño de la ración no me puedo quejar]

NOTA: El precio máximo del menú con bebida y patatas y todo tipo de extras en la hamburguesa no debería de superar los 15 dólares pero NO se puede pagar con tarjeta.

-Stay toon for more-

domingo, 1 de agosto de 2010

Yo he sobrevivido

El viernes leí un artículo de El Mundo titulado: Las 'siete plagas' de España y no he podido resistir la tentación de escribir sobre él. Debo de confesar que me lo esperaba mucho más apocalíptico y lo curioso es que a medida que iba leyendo las diferentes “plagas” le iba poniendo un tic (√) a mi lista personal. Creo que después de unos meses a este lado del charco me voy a convertir en una profesional en estos temas. Jajaja.

El artículo en cuestión abre diciendo: “La cucaracha americana, la chinche de cama o el mosquito tigre son algunas de las plagas que han reaparecido o llegado por primera vez a España de la mano de la globalización y el cambio climático.” Y repasando mi lista… ¿qué tenemos?
  • Cucaracha americana – Check √.
  • Chinche de cama – Doble check √√.
  • Mosquito tigre – Por suerte, de momento, no lo he sufrido pero conociendo mi suerte, será mejor que toquemos madera.

Lo “gracioso” del artículo es que después de alertar a la población sobre el aumento de estos incómodos visitantes y sus molestas consecuencias en nuestro día a día en la sección “combate de plagas” se limita a decir que “Los especialistas se encuentran ahora con menos herramientas ante la prohibición de ciertos productos químicos.” Todo un alivio… no sé como el lector podrá dormir más tranquilo sabiendo esto.

Por suerte para mis queridos seguidores, soy una superviviente e incluso actual luchadora (las cucarachas se resisten). Como pequeño brico-consejo para cerrar el post de hoy os diré que si por desgracia tenéis chinches en casa, lo más probable es que vivan en vuestro colchón. La solución más efectiva al problema no es demasiado práctica pero a parte de que hay que cambiar el camastro, sería bueno que durante una buena temporada dejarais el nuevo envuelto en plástico. De esta forma os aseguráis que si las chinches no estaban viviendo en el colchón, no lo hagan en el nuevo y al no poder acceder a alimento (nuestra deliciosa sangre) se terminen muriendo del todo. Insisto que esto es sólo un consejo casero y que probablemente haya otras formas de combatir a las chinches pero desde que duermo con la funda de plástico a mi no me han vuelto a picar.

Por otro lado si vuestro problema son las cucarachas, me estoy especializando en la americana ('Periplaneta americana') Ni cucal, ni sprays de última tecnología que además de dejar un olor repulsivo o tremendamente denso por la casa seguro que poco a poco también nos envenena a nosotros. Lo que “las mata bien muertas” y en cuestión de segundos es el alcohol. Puede que el vodka sirva, pero yo me inclino por el alcohol que todos tenemos en el botiquín. Es algo tan simple y barato que me cuesta creer que no sea un pesticida reconocido a nivel popular pero supongo que es porque no les interesa a las empresas. Creedme, es infalible. En España os recomendaría una botella de alcohol de 96º (que es la graduación más alta que conocía) hasta que llegue a los US y descubrí uno de 99º así que si lo encontráis mejor. Una vez tengáis a mano el líquido elemento y os encontréis cara a cara con tan desagradable bicho simplemente rociarle con un buen chorrito y contad hasta 10. Primero correrán todo lo que puedan, luego se retorcerán y finalmente morirán delante de vosotros. Y lo mejor de todo es que el alcohol que no absorba el bicho desinfectará vuestro hogar y eventualmente se evaporará. Si es que los trucos que os doy son todo ventajas. Jajaja.

-Stay toon for more-

lunes, 19 de julio de 2010

El mundial que bien vale un post!

Waka-Waka!!! A estas alturas del verano, es imposible haber odio más del mundial pero con la de alegrías que nos ha traído no podía evitar escribir un post a nuestra querida selección. La verdad es que en cierto modo me dio un poco de rabia no estar en Madrid para celebrar por todo lo alto, pero después de saltar y chapotear en la fuente de DuPont Circle… tuve un momento de serenidad mental y me dí cuenta que en el fondo, mejor estas en Washington. Aquí, la comunidad española se unió en cánticos y celebraciones que bien pudieron cubrir el vacío patrio. En la fuente nos dedicamos a mojar a extraños, brincar abrazados de desconocidos y hasta italianos o colombianos cantaron orgullosos el “yo soy español”. De haber estado en Madrid, probablemente no hubiéramos salido de la piscina. Eso de bajar hasta el centro de la ciudad, con la euforia colectiva desatada, probablemente me hubiera dado bastante pereza.

Pero estoy adelantando acontecimientos… para este post hay que retroceder al primer partido de la selección en el mundial. Para empezar como es debido este post, hemos de trasladarnos hasta el único partido que perdimos en este mundial. El terrible España-Suiza que a más de uno nos hizo pensar que no pasaríamos de la fase de grupos. De hecho, recuerdo perfectamente como durante el partido, los simpáticos de la televisión estadounidense se dedicaron a pasar estadísticas fatales tales como “ningún equipo que ha perdido en su primer partido ha llegado a la final” pero como sabemos, con la furia nadie puede.

Lógicamente, después del susto contra Suiza, decidí cambiar mi estrategia y hacer promesas por cada partido que fuéramos ganando. Además de las buenas intenciones por mi parte, me llegó desde Brasil un regalo fantástico que ya anticipaba el apoyo por parte del equipo del Jogo Bonito
 
[Equipación española con sabor 100% havaiano]

Para el partido contra Honduras, decidimos crear una pequeña resistencia española en casa de Vicky (eso de ver los partidos en solitario no era muy emocionante) Además, la pantalla gigante de nuestra anfitriona era un atractivo muy tentador para seguir los partidos. 
 
[Y nos vestimos de rojo]

En el partido corta Chile hubo un par de momentos confusos ya que ellos también son “la roja” y nos costaba interiorizar que estábamos jugando con el azul. Ganamos y pasamos a octavos. Ahora sí que ha empezado el mundial. 
 
[La furia sólo hay una. Resultado: España 2, Chile 1]

Debido a incompatibilidad de horarios, el partido contra Portugal lo tuve que ver sola en casa para poder llegar a tiempo a clase, pero eso no impidió que sacáramos la artillería roja. Y pasáramos a cuartos.
 
[Con las uñas cual bandera y clavelitos en el pelo,
mandamos a los lusos de vuelta a casa]

La selección guaraní (Paraguay) puede que contaran con la motivación de ver a Larissa desnuda, pero nosotros tenemos a San Iker y a una selección con muchas ganas de romper la maldición de los cuartos. Como habíamos ganado a Portugal, en este partido me toco pintarme toda la cara al más puro estilo Braveheart. Sólo comentar que fue todo un orgullo subirme a un autobús repleto de gente con los colores de un equipo ganador.
 
[¡¡Estamos en semifinales!!]

Para enfrentarnos en condiciones contra Alemania, María y yo decidimos acompañar el partido con unas cervezas y elegimos un bar irlandés cerca de mis clases. Casualidades de la vida, éramos las únicas que apoyábamos a la roja en todo el local. Por suerte los alemanes se lo tomaron con filosofía y al final hasta nos hicimos amigos. 
 
[¿Será que los sueños sí se cumplen?]

Sobre la final, que os puedo decir… El nivel de nervios era máximo. Y por supuesto todo el grupo internacional de DC estaba con España. Como era la primera vez en la historia que llegábamos tan lejos en un mundial, decidimos prepararlo a lo grande y nos reunimos todos en un bar de deportes con pantalla gigante en Georgetown.
 
[Que la fuerza (roja) te acompañe]

Si nuestro grupo ya de por sí era numeroso, imaginaros la previa del partido al tomar el piso de arriba como bastión de apoyo a la selección. Todo aquel que aparecía por las escaleras era preguntado sobre su fidelidad y “bautizado” con unas banderitas en las mejillas. Al principio la gente era reticente a dejarse pintar por una extraña disfrazada de bandera, pero según la gente iba llegando y la hora del partido se acercaba, los recién llegados se acercaban a nuestra mesa preguntando por la “chica de las pinturas”.
 
[Lógicamente, los fans naranjas
no eran muy bien recibidos en nuestro piso]

De hecho, durante el descanso, hubo un valiente que me pidió cambiar las banderas por un diseño más agresivo: la cara entera. Las esperanzas en llegar a ser campeones iban en aumento y cada vez que el inglés sacaba un tarjeta, el bar entero comenzaba a corear “Oé, Oé, Oé” con alguna versión de “ole, ole” claro. Sobra decir que cuando por fin, el arbitro saco el cartón rojo para la naranja mecánica hubo mucho más que miradas de odio por parte de los valientes (o insensatos) que seguían en nuestra zona.
 
[Todos con la selección]

Después, llegamos a la prorroga y por un momento sentí que el sueño del mundial iba a desaparecer en los penaltis. Pero llegó Iniesta e hizo historia. La euforia se desató, el suelo vibro con el salto colectivo y hasta alguna jarra de cerveza sirvió de baño de gloria. Abrazos, gritos y muchas sonrías. Cuatro minutos más y el partido se acabaría dejando a la selección en lo más alto del mundo.
 
[Celebración en Dupont Circle]

Tal y como se había pactado, al finalizar la entrega de la copa, pusimos rumbo a Dupont donde habíamos sido convocados en caso de ganar y bueno, lo siguiente creo que se vivió en cualquier rincón del mundo donde hubiera un español. Saltos, canciones, abrazos, gritos, sonrisas y agua (mucha agua). Hasta los no-españoles se sintieron ganadores y no dudaron en celebrar con los expatriados como uno más. Niños, jóvenes y no tan niños se lanzaron sin dudar al agua. Literalmente, una marea roja tomó la plaza y entre brincos y canciones fuimos encontrando a más de una cara conocida.
 
 [Campeones, gracias por todas las alegrías de este mundial.]

-Stay toon for more-