miércoles, 9 de junio de 2010

He vuelto!!

El problema de escribir sobre las cosas que haces es que si empiezas a hacer muchas cosas, no tienes tiempo para escribir y sin darte cuenta pasan casi dos meses de inactividad bloggera aunque en el mundo real no hayas parado. Que vergüenza...

En fin, antes de que la bola de nieve se haga muuuucho más grande, (a modo de ejemplo sólo comentar que este fin de semana no sólo empieza el mundial -que bien se merece un post- sino que me voy a la playa en versión supervivientes) más me vale echar mano de la agenda y retomar las pato-aventuras antes de que sea demasiado tarde:

Érase una vez semana santa del 2010.
Para los que no se acuerden, Oli y Cris estaban de visita por esas fechas así que la familia cucharita estaba al completo. Sólo nos faltaba “el pincho de fondue” pero a falta de tan legendario componente, decidimos investigar sus orígenes e ir a visitar a su familia. ¡Nueva York nos espera!

El jueves santo a eso de las 7 de la mañana nos subimos en un “chinabus” rumbo a la gran manzana. Para quienes no lo sepan, lo del chinabus es un sistema un tanto dudoso de conexión automovilística entre las principales ciudades de la costa este. Por supuesto los dueños de este servicio son nuestros simpáticos amigos asiáticos y los precios son 100% “made in China” en otras palabras; por 30€ puedes conseguir un Washington DC – Nueva York y vuelta sin riesgo de morir en el camino. Jejeje.

A las 11 de la mañana (aprox.) llegamos a NYC y pusimos rumbo a la estación central donde, inocentes de nosotras, pensábamos dejar las maletas. Craso error. Desde el 11 de septiembre no se aceptan objetos desconocidos en ningún punto de toda la ciudad por lo que tuvimos que hacer turismo pegadas a nuestras maletitas de mano. Afortunadamente tenían tracción en las cuatro ruedas y las aceras de la Gran Manzana pronto cayeron a nuestros pies. ¿O tal vez fueron nuestros pies los que cayeron rendidos?

[Desde la caída de las Torres Gemelas, el Empire State Building
vuelve a ser el rascacielos más alto de la ciudad]

El viernes, con las maletas a buen resguardo en Connecticut, nos entregamos a la conquista de Manhattan. No sin antes arriesgar nuestras vidas en un peligroso trayecto que unía nuestro hogar con la estación de tren en Old Greenwich. Hay rumores que dicen que cuando abandonas las grandes ciudades en Estados Unidos, todo lo demás son pueblos y en cierto modo tienen razón, por que al menos lo que son aceras no lo tienen muy desarrollado más al norte del río Hudson. Pero ni aceras ni los trozos esos de piedras mal colocadas que tenemos a los lados de la carretera en La Moraleja. Eso, en todo caso hubiera sido un lujo. Pero volviendo al paseo suicida rumbo a Nueva York… Tras una media hora de caminata en línea india y pasando por debajo de varios puentes donde seguramente más de una persona si tuviera que esconder un cadáver lo enterraría debajo de semejantes estructuras, llegamos a la estación. A diferencia de la noche anterior en este trayecto sí que nos toco silla y como no era el tren Express también una pequeña siesta para reponer fuerzas.

[A pesar de mis ruegos,
las niñas no quisieron ir a visitar a la Señora Libertad.]

La foto que viene a continuación requiere una mención especial. Sobre todo porque tras la odisea para conseguir sacarla, ha habido varias versiones de los hechos, cada cuál más variopinta. Ha habido incluso versiones de personas que ni siquiera estaban presentes, pero disfrutaron tanto la anécdota pudieron visualizar sin ningún problema toda la situación.

Os voy a poner en contexto: después de pasear por Battery Park decidimos conquistar la ciudad desde Broadway hacia el norte y por supuesto pasamos por el famoso toro de Wall Street pero que no está en Wall Street. En inglés se llama “Charging Bull” y lógicamente está en una postura de embestida inminente, con lo cual a mi no me pareció suficiente hacernos la foto a su lado sino que decidí subirme y “coger el toro por los cuernos”. Hasta ahí todo bien, pero si tenemos en cuenta que el bicho 3.200 kilos… imaginad sus dimensiones. Lo de subirse al toro es una actividad tan compleja como treparse a los leones de Trafalgar Square en Londres o a la columna de la Bastilla en París. Eso sí, la “toma” de esta última solo se puede hacer en medio de una manifestación como por ejemplo contra la guerra de Irak, que sino, seguro te detienen.

Volviendo al Toro: Es algo que resulta complicado pero no imposible. Complicado, sobre todo, si a la altura que hay que subirse le añadimos:
  1. el factor “Catalina no tienes un peso pluma”
  2. el hecho de que “el toro tiene una superficie lisa que con el paso de los años incluso resbala”
  3. el punto de que “te esta ayudando a subir Cris que no puede ni con una caja de cinco kilos de naranjas”
Sin olvidar a Olivia farfullando todo tipo de cosas y muerta de la vergüenza porque le tocaba hacernos la foto cuando lo que, en realidad, ella quería era desvincularse de nosotras por completo porque ADEMÁS en un momento clave del ascenso nos surgió competencia infantil que obviamente subía y bajaba de una forma mucho más ágil y graciosa.

Si le sumamos todos esos factores al simple hecho de “quiero subir al toro” pues la cosa resulta un poquito más complicada pero aunque desde esa perspectiva la conquista pareciera larga e incluso eterna, sólo nos hicieron falta unos minutos y pudimos dar la misión por cumplida.

[La foto no le hace justicia a la complejidad del ascenso]

Después de semejante aventura, cualquier cosa que hiciéramos durante el resto del día perdió importancia, pero sería un error subestimar la belleza del puente de Brooklyn, el bullicio de Chinatown, la comida de little Italy o los efectos ópticos del Flat Iron.

Al día siguiente decidimos explotar al máximo nuestras cabezas (en todos los sentidos) por la mañana visitamos el MOMA, y a eso de las 3 de la tarde nos congregamos en Union Square para la quinta batalla anual de Almohadas.

[Las chicas son guerreras]

Nunca subestiméis el poder de una almohada. Los golpes pueden llegar a ser muy dolorosos. Sobretodo si en pleno repliegue del escudaron una mujer del tamaño de un vikingo decide que los desertores de la batalla son unos débiles que no merecen una retirada a tiempo sino morir en el campo del honor.

Después de la plumífera batalla (y eso que se pedía encarecidamente que las almohadas no fueran de plumas para facilitar la limpieza) dimos un paseo por central Park, rememoramos a los Beatles y nos culturizamos en el Metropolitan.
 

[Todo ser humano es una obra de arte]

Por supuesto, el cierre con broche de oro al viaje de Nueva York, vino de la mano nuestra mamá adoptiva temporal y su eterno espíritu “infantil” que consiguió involucrarnos a todos en el Egg Hunt más disputado pero divertido de los últimos años donde no hay ganadores o perdedores sino participantes.

[Gracias María Inés]

-Stay toon for more-

lunes, 12 de abril de 2010

Pre-Easter y el National Cherry Blossom Festival

Después del viaje a Filadelfia tocaba una semana de “preparación”. Con la semana santa a la vuelta de la esquina, la inminente visita de Olivia y Cris y el viaje a Nueva York acechando, había que organizarse, adelantar todo el trabajo posible. Por supuesto, la actividad cultural de la semana la cubrimos con una visita al Capitolio que no en vano es uno de los puntos turísticos más interesantes de la ciudad.

[Vista del Capitolio y del Obelisco desde la Biblioteca del Congreso]

Casi sin darme cuenta, la semana de preparativos se terminó y llegaron las niñas. El martes 30, me solidarice con sus necesidades turísticas y como estaban recién llegadas a la capital, decidí acompañarlas a la Casa Blanca. El miércoles, el sol brillaba y la temperatura invitaba a dar un paseo por lo que fuimos a ver los famosísimos cerezos en flor que rodean la Tidal Basin. 

[El rosa es el color de la primavera en Washington DC]

En 1912 Japón le regaló a la ciudad de Washington ni más ni menos que 3000 cerezos para honrar la buena relación existente entre el pueblo del tío Sam y el reino nipón. Desde entonces ambos países se han intercambiado arbolitos en varias ocasiones: En 1915 el gobierno de los US les devolvió el gesto ecologista con unos cornejos y en 1965 los asiáticos les volvieron a regalar 3800 cerezos más. En definitiva, DC tiene una buena colección. De hecho en 1981, tras unas fuertes inundaciones en Japón fueron los Yankees los que enviaron un par de cerezos a reponer los devastados.
 
Entre unas cosas y otras, supongo que por culpa de la nieve y sobre todo debido al paso del tiempo, hoy en día en Washington tenemos 3.750 cerezos. Cifra que se dice pronto, por lo que verlos florecidos es un espectáculo que de verdad, vale la pena. De hecho desde 1935 se celebra un “festival”. Supongo que al principio se trataba sólo de un desfile con fuegos artificiales a modo de clausura pero desde 1994, el festival dura dos semana y cuenta con todo tipo de actividades culturales y de ocio.

[Vista del Jefferson Memorial con los cerezos en flor]

Se que voy con "retraso", pero recordad que llevaba varios días con visita y no he podido actualizar antes. Sin embargo os adelanto que en el próximo post tendremos… ¡La Gran Manzana!

-Stay toon for more-

lunes, 29 de marzo de 2010

Road Trip a Filadelfia

Aprovechando los días estivales que sucedieron al Spring Break, el domingo pasado (21 de marzo) decidimos hacer un Road Trip a Filadelfia. Pero antes de contaros nuestro día cultural en la ciudad de ese riquísimo queso crema, debo de comunicaros que he resuelto el misterio del calcetín y no fue la lavadora quien se lo comió sino la funda de mi edredón. Si es que tenía que haber una explicación lógica, por lo menos en mí caso. Pero sin embargo, desde el último post, he podido contrastar diversas reacciones en la ciberesfera y el caso de mi lavadora “engulle calcetines”, parece no ser un hecho aislado así que estaré atenta en futuros coladas.

Volviendo al domingo… contaros que “Philly” fue la capital de Estados Unidos desde 1790 hasta 1800. En la actualidad, es la ciudad más grande del estado de Pensilvania y la sexta más poblada del país. Como dato curioso y que además alegrará el día a los amantes de la cerveza (que se que hay algunos por ahí ocultos) debéis saber que en Filadelfia se encuentran las cervecerías más antiguas del país y que como buenos forofos del líquido elemento tienen un festival dedicado al mismo: el “Philly Beer Week” que este año se celebra del 4 al 13 de junio.

Por cierto, para llegar a Filadelfia, y teniendo en cuenta que oficialmente yo no vivo en Washington DC, tuvimos que pasar ni más ni menos que por cinco estados (Virginia, DC, Maryland, Delaware y Pensilvania) pero no os asustéis, son estados relativamente pequeños y en dos horas y media llegamos a nuestro destino.


[La Interestatal 95 es la principal autopista
de la costa este de los Estados Unidos]

Lógicamente nada más llegar, como buenos turistas, nos pusimos directamente a hacer cola en la entrada del Independence Hall. Me he dado cuenta de que lo de hacer colas simplemente nos encanta. Ni preguntamos ni nada. Tu ves a gente en fila y das por hecho que tu tienes que hacer lo mismo. Por suerte, nos dimos cuenta pronto de que para entrar necesitábamos tickets (gratuitos) que hay que recoger en el Visitor Center al otro lado de la calle. La verdad es que eso de ir a recoger algo que de todas formas es gratis al otro lado de la calle... Nos parecia algo muy poco estratégico hasta que descubrimos que de camino a las entradas también se pasaba por la “Liberty Bell” y supusimos que era una forma de recordarle a los turistas que la campana también es una visita obligada. Pero vayamos por partes:



[Independence Hall – Aquí nacieron los Estados Unidos]

El Independence Hall es un lugar clave en la historia de Estados Unidos. Aquí se redactó la Declaración de Independencia así como la Constitución y lógicamente, personajes tan importantes como Thomas Jefferson, John Adams, Benjamin Franklin o el mismísimo George Washington pasaron largas horas en su interior.


[Liberty Bell – Otra parada tremendamente patriótica]

Hay quienes dicen que la campana repicó para congregar a los habitantes de Filadelfia durante la lectura pública de la Declaración de Independencia el 8 de Julio de 1776 pero hay todo tipo de versiones. Lo que sí está claro es que la campana tiene una inscripción sacada de la Biblia, concretamente del Levítico 25:10 y dice: “proclamaréis libertad en la tierra a todos sus habitantes”. Hasta 1830 la campana era conocida con el nombre de “Independece Bell” pero un grupo de abolicionistas la utilizó como símbolo en su lucha y cambiaron el nombre por el actual.

Después de visitar los “básicos e imprescindibles” de la ciudad y con un precioso sol brillando sobre nuestras cabezas, pusimos rumbo al puerto mientras recorríamos las distintas calles de la ciudad.

[Da vuelta a la Inglaterra colonial gracias a Elfreth's Alley]

Este callejón es la calle residencial más antigua de los Estados Unidos y data de principios del siglo XVIII. Hoy en día quedan en pie 32 casas construidas entre 1728 y 1836 y por supuesto, siguen siendo el hogar de varias familias.

Más tarde paseando por el puerto, nos cruzamos con un monumento en honor a Cristóbal Colon que sencillamente me sorprendió muchísimo.


¿Cómo que líder carismático?
¿Qué pasa con lo de descubridor de este continente?

En fin, los americanos ya sabéis que tienen sus cosas y si les da por ponerse muy patrióticos hasta le cambian el nombre a las patatas.


[Y yo que pensaba que esa moda ya no se llevaba]

El caso es que esta foto la hice en Geno’s, un local abierto 24 horas al día, 7 días a la semana cuyo plato estrella (por no decir único plato) es el Cheese Steak que viene a ser el sándwich típico de Filadelfia y consiste en pan alargado (tipo el de los perritos pero en grande), carne, queso y cebolla. Simple, sencillo y delicioso. Lo curioso de Geno’s es que está situado en un cruce y directamente enfrente de Pat’s que es otro establecimiento exactamente igual (24h, 7 días, y sólo sirve Cheese Steak) y que lógicamente es su eterno rival. De hecho nosotros supimos de estos dos locales a través de un documental sobre Philly que vimos en Miami y obviamente nos hizo gracia lo de ir a probar cual de los dos Cheese Steaks era el más rico. Por supuesto, para gustos los colores. El sándwich de Genos tiene la carne en lonchas mientras que el de Pats lo tiene picado, la cebolla del de Genos es más fuerte que la de Pats, pero el queso de Pats se nota mucho más que el de Genos básicamente porque es queso en formato “salsa” mientras que el de Genos es en lonchas. Pero ya sabéis, si alguna vez visitáis la ciudad, pasaros por el cruce de la 9 con Wharton y Passyunk Avenue y juzgad por vosotros mismos.

[Genos vs. Pats terrible rivalidad, delicioso almuerzo]

Tras recuperar la energía y disfrutar de un mini partido de baseball local, nos dirigimos de vuelta a South Street donde hicimos parada en el denominado “Magic Garden” que no deja de ser un lugar… digamos curioso. ¿Os acordáis del anuncio de Aquarius y el viejito que construye una catedral el solito? Bueno pues esto no es lo mismo pero en cierto modo se le puede parecer. El viejito del anuncio construye la catedral con materiales reciclados y el dueño de estos “jardines” los hace con basura reciclable. Jajaja.


[Reciclando a todo color]

La verdad es que sitio original y si encima el clima acompaña puedes pasar un rato muy agradable caminando por los callejones, túneles y grutas del susodicho jardín que incluso puede llegar a considerarse una galería de arte.


[En ocasiones te puedes sentir un poco cubista]

[Entre tanto espejo, no falta algún efecto visual]

Con el atardecer decidimos visitar la plaza JKF donde está el ayuntamiento de Philly y un templo masón aunque la plaza en sí misma se conoce con el nombre de “LOVE Park” ya que en él se encuentra la famosa escultura de Robert Indiana. 


[Love is everywhere]

Por supuesto no podíamos irnos de la ciudad sin visitar la estatua de Rocky Balboa y sin subir (corriendo) los escalones del museo de arte. Yo debo de admitir que no he visto la película de Stallone pero creo que todo el mundo conoce, aunque sea de oídas, al personaje. Y aunque no tengas ni idea de quien era, una carrera que además de medir tu velocidad ponga a prueba tu coordinación a la hora de subir escalones, es siempre muy tentador. Por supuesto la vista de la ciudad desde la parte de arriba de la escalinata vale la pena y lo de detenerse a contemplarla es una perfecta excusa para recuperar el aliento. 


[Streets of Philadelphia]
 
-Stay toon for more-

martes, 23 de marzo de 2010

Hoy la lavadora se ha comido un calcetín

Yo pensaba que eso de los calcetines que desaparecían en la lavadora era sólo una leyenda urbana, pero esta claro que igual que hay que ponerle jabón en cada lavado, cada cierto tiempo estos aparatitos deciden nutrirse con vitaminas extra gracias a un delicioso calcetín. Yo estoy convencida que debe de haber una explicación científica porque de verdad que no es que haya perdido el calcetín ni se me haya caído por algún lado. De verdad que se lo ha tragado la máquina. Al meter la ropa a la lavadora siempre compruebo que meto los calcetines en pareja para asegurarme que no me he dejado alguno en el cesto de la ropa sucia y al sacar la ropa siempre los emparejo precisamente para que no se queden solitos de camino a la zona de secado. Pues en este lavado, el calcetín no aparece. Para que os hagáis una idea de la intensidad de mi búsqueda, sólo os digo que he terminado metiendo la cabeza dentro del tambor. Sí, dentro del hueco ese oscuro donde se pone la ropa. Tenía que asegurarme de que no estuviera pegado a un lateral o algo y nada… Ni rastro. Por favor, si alguien tiene alguna información que arroje algo de luz sobre este misterio, que la comparta porque yo ya me veo como una loca con un calcetín de cada color. En fin…
 
Volviendo a mi vida al otro lado del charco, Miami fue una escapada perfecta. Un poco corta, todo hay que decirlo, pero muy divertida y el descanso perfecto para recargar las pilas y enfrentarnos a la recta final del trimestre.

[Vistas de Miami por la noche desde nuestro campamento base en Key Biscane]

A Miami llegamos el jueves por la noche y después de un magnifico tour nocturno desde el coche, saciamos nuestro apetito con una enorme pizza en Lincoln Road. Al día siguiente nos dieron la buena noticia de que podríamos estar locomotorizados y sin perder tiempo, pusimos rumbo a South Beach Miami. Al llegar, una ligera lluvia nos dio la bienvenida pero no logró asustarnos e inocentes de nosotros, seguimos con nuestro plan de turistas. Por supuesto la Ley de Murphy no podía ni fallar ni faltar y cuando nos encontrábamos paseando por la playa con la posibilidad de encontrar refugio a varios cientos de metros a la redonda, la lluvia ligera se convirtió en un huracán a escala. ¿Resultado? Litros de agua por centímetro cuadrado en nuestra ropa. Pero bueno, lo que tiene esta climatología inestable del caribe es precisamente eso. Que estábamos en el caribe y aunque ensopados, hacía calor así que nos lo tomamos con humor y cuando finalmente conseguimos alcanzar un techo protector, nos atrincheramos en un cuarto de baño y el secador de manos se convirtió en nuestro mejor amigo.

[Con mucha paciencia y esmero al final conseguimos secarnos
pero sólo un poco]

Después del diluvio universal decidimos cambiar de zona y nos dimos una vuelta por Coconut Groove. Pro la noche es un sitio súper divertido lleno de bares y con muchísimo ambiente. Obviamente, si por la noche un lugar rezuma vida, lo lógico es que durante el día se reponga la energía y las calles sean algo bastante tranquilo. Eso no evito que entráramos a Johnny Rockets y nos diéramos un homenaje.

[Cookies and Cream Milkshake. Simplemente delicioso]

Después de visitar a mi primo pequeño, volvimos a Key Biscane y nos fuimos directos a la piscina. También aprovechamos para ver las estrellas desde el jacuzzi; un plan muy recomendable para descansar un poco antes de salir hacia Calle Ocho. Una vez en la Pequeña Habana encontramos un local con un concierto de Bosa Nova y una riquísima oferta gastronómica a destacar el ceviche y pollo con arroz.

 [El alma de brasil en un local cubano en el corazón de Miami.
Las mezclas curiosas son las que mejor resultado consiguen.]

El sábado por la mañana el sol brillaba y apenas perdimos el tiempo en desayunar. Después de los cambios repentinos de clima que habíamos experimentado el día anterior no queríamos arriesgarnos y cualquier minuto de sol que pudiéramos llevarnos de recuerdo a Washington era bien recibido.

[Con unas vistas así ¿quién pierde el tiempo dentro de casa?]

Por supuesto sobra decir que estuvimos absolutamente todo el día cual lagartos al sol. Eso sí, siempre con protección además mínimo factor 50 que nuestras pieles después de sobrevivir a la edad de hielo en Washington no estaban muy acostumbradas a eso de los rayos solares. Y aunque sólo tuvimos un día de exposición solar conseguí cambiar el horroroso pálido de mi piel por un tono “ligeramente tostado”. Jajajaja

-Stay toon for more-

miércoles, 10 de marzo de 2010

El ser humano es un ser social por naturaleza

Y por ello, indistintamente del lugar del planeta en el que nos encontremos, hay cosas que simplemente no cambian. Da igual si se trata de una celebración, una reunión o un deporte. Tampoco importa si usamos alcohol, comida, palomitas o sencillamente refrescos; lo que verdad importa es que tenemos una necesidad implícita en nuestra naturaleza de vivir y sobre todo, disfrutar en sociedad.

Desde el viernes estoy oficialmente en “Spring Break” que viene a ser una semana de vacaciones libres de trabajos, lecturas o proyectos a entregar a la vuelta lo que significa que estoy disfrutando unas vacaciones de las de verdad. Esas vacaciones en las que se desconecta del todo y no hace falta pensar que el domingo a última hora de la noche estaremos tecleando frenéticamente para terminar ese trabajo que hay que entregar el lunes a primera hora y que llevamos posponiendo desde el primer día de libertad. Son esas vacaciones donde podrías hacer miles de cosas y ponerte al día en todo pero al final no haces nada y los días se te pasan volando. Vamos, como las de verano pero en formato reducido.

Precisamente el viernes, para entrar con buen pie en tan maravilloso descanso, celebré una fiesta en casa y visto el resultado, presiento que va a ser la primera de una larga lista. La verdad es que fue todo un éxito, nos juntamos cerca de 40 personas de todas partes del planeta. Por supuesto el grupo dominante lo formábamos los latinos, seguidos de cerca por los alemanes y los brasileros consiguieron la tercera posición. Los grandes ausentes de la noche fueron los Yankies pero estaba dentro de las previsiones ya que en lo que a vida social respecta todavía tengo pocos lazos con ellos de hecho, sin embargo no fueron ausentes absolutos ya que dos de los invitados sirvieron como pequeña representación gringa.

Una fiesta es una fiesta en cualquier parte del mundo, pero dependiendo de la latitud del planeta en donde te encuentres habrá pequeños detalles que le dan un carácter propio. Por ejemplo, al contrario que en las fiestas de España, en la fiesta del viernes sobraron varias bolsas de hielo es cierto que puede deberse a que “las copas” no fueron la bebida principal y que de hecho, nos faltó hueco en la nevera para el cargamento de cervezas que llegaba con cada nuevo grupo de invitados. Otro aspecto curioso es la cultura del tabaco: en Madrid llegas a una fiesta y si eres fumador lo más probable es que termines fumando indistintamente de lo que el dueño de la casa piense sobre el tabaco. Pues aquí no. También es verdad, que el porcentaje de fumadores en España es una cifra abrumadora con respecto a otros países pero es que aquí lo de fumar no lo dan tan por sentado. Igual es por las leyes anti-tabaco o porque las casas en Estados Unidos están plagadas de detectores de humo pero el caso es que los fumadores que vinieron a mi fiesta venían bastante mentalizados que para poder disfrutar de su dosis de nicotina tendrían que salir a la calle. Por supuesto, me apiade de ellos y habilite el mini-cuartito que tengo completamente vacío como la “sala fumadores” otro éxito que no faltará en próximas fiestas. Los amantes del humo agradecieron el no tener que ausentarse del piso como si tratara de traficantes y la dueña de la casa agradeció tener que ventilar sólo un cuarto y disfrutar de su casa libre de olor a colilla tras la fiesta. 

[Os presento a Patrick. Mascota oficial de las fiestas en casa]

Otro de los pilares básicos de vida socio-cultural de los EEUU es sin duda el Basket y ¿qué mejor manera para seguir disfrutando del Spring Break que asistir al último partido de la temporada Big East? La Big East Conference viene a ser la liga de basket que enfrenta a 16 universidades del este de los Estados Unidos entre las que se encuentra Georgetown y nuestro rival del sábado Cincinnati.

[Hoyas es Georgetown lo que Merengues al Real Madrid o Azulgranas al Barça]

El partido fue lo de menos, sobre todo cuando antes del intermedio ya dominábamos el marcador con una ventaja importante pero el ambiente, el barullo de las gradas, lo de cantar el himno antes del partido, las presentaciones de los jugadores, los diferentes “gritos de guerra”, la banda e incluso las pausas publicitarias hacen que la experiencia valga la pena vivirla al menos una vez y personalmente, me lo pasé tan bien que pretendo repetir.

[Las gradas del Verizon Arena salpicadas de los colores de Georgetown: azul y gris]

Las cosas como son. Los americanos tienen un don para el espectáculo y yo creo que no sólo eso, sino que les gusta, se lo curran y además se lo pasan bien. La verdad es que originales son un rato. Lo de las animadoras lo hemos visto hasta la saciedad desde pequeños gracias a la industria del cine pero el estar entre las gradas y verlo en directo, es otra cosas. Destacable también es lo de las mascotas de los equipos y con esto no me refiero sólo al pobre pringui que va vestido de perro o pájaro o incluso piel roja. Por ejemplo, la mascota de Georgetown es Jack el bulldog. Pues bien, durante el descanso, no sólo sacan al perro tamaño persona, sino que hay un bulldog de verdad que pasean por la cancha mientras mordisquea, juega y en definitiva destroza una caja de cartón con el nombre del equipo contrario. Nada como la violencia encubierta para animar un partido. Jajajaja.

Después del basket con el estómago rugiendo y los niveles de patriotismo yankie por las nubes, nada como saciar el apetito en una de las hamburgueserías míticas de la ciudad: Five Guys. 

[Las patatas fritas las hacen con aceite de cacahuete lo cual le da un sabor riquísimo]

El domingo fue la noche de los Oscar y creo que cualquier cosa que diga sobre ellos ya la habréis oído. Como dato anecdótico a mi favor, contaros que vi la ceremonia mientras comíamos pizza en la residencia de los alemanes y que yo era la única mujer del grupo, lo que no me impidió desplumar a un par de modelos (entiéndase por vestidos) mientras se paseaban sobre el escenario.

-Stay toon for more-

lunes, 1 de marzo de 2010

Cultura

En primer lugar... mis más sinceras disculpas por estar ausente durante esto últimos días, sin embargo cual ave fénix... ¡resurjo de mis cenizas y vuelvo con las pilas bien cargadas!

En estos últimos quince días me ha pasado de todo, pero si tuviera que elegir una palabra sobre todo lo demás sería cultura. Según la RAE (Real Academia Española) significa: “Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.”

La verdad es que estos días he podido disfrutar de las ventajas de vivir no sólo en Estados Unidos (país con una importante mezcla de culturas) sino que además hay que matizar que vivo en la capital y este concepto asciende inmediatamente a la ciudad a una categoría de nivel cultural muy importante. Pero remitámonos a los hechos que es lo que de sentido a mis crónicas.

A los pocos días de mi último post me invitaron a un concierto en la Sala Black Cat. El espectáculo comenzó con el grupo “Nico Vega”, una banda de Los Ángeles que tocan una mezcla entre rock, soul y en definitiva ese indescriptible Indie. Una vez el ambiente había calentado motores, se subió al escenario “The Soundtrack of our Lives” unos suecos con un rock-pop de lo más marchoso perfecto para rematar el concierto y despedir a todos sus asistentes de muy buen humor. Es cierto que un concierto en una sala “underground” no sirve como inmersión en la cultura de la ciudad y tampoco es un ejemplo válido de crisol de culturas, pero desde luego sí que fue un excelente preámbulo para lo que me esperaba el viernes en el campus.

 [Anuncio que desde el comienzo de la semana pululaba libremente por la red]

En el cartel no lo pone, pero la “profe” de esas clases obviamente es quien os está escribiendo ahora. Sí. Lo se. Lo que no haga yo… Jejeje. El caso es que la primera clase fue todo un éxito. Aparecieron más de treinta personas de todas partes del globo y por supuesto, para la semana, siguiente decidimos dividir a los alumnos en tres grupos diferentes porque sino la pobre profesora no da abasto. De hecho después de la clase aunque teníamos planeado ir todos los latinos a un karaoke, mis pies estaban tan destruidos que se negaron a caminar en otra dirección que no fuese mi casa. Por supuesto, las ganas de fiesta se calmaron el sábado por la noche donde en Café Asia celebramos la llegada del Año del Tigre pero eso sólo fue el comienzo de los festejos el domingo por la mañana Chinatown se vistió de gala y ofreció a sus visitantes un tradicional desfile de lo más pintoresco.

 [El Dragón siempre presente en todas las celebraciones Chinas]

Una vez los festejos se dieron por terminados, cambiamos la mezcla de culturas por la oferta cultural de la ciudad y fuimos al National Mall que viene a ser ese enorme “pedazo verde” en el mapa de Washington DC desde el Capitolio hasta el Potomac y que incluye entre otros atractivos turísticos el Obelisco, el Lincoln Memorial, la Casa Blanca, varios de los museos, como por ejemplo el Smithsonian y un par de monumentos en recuerdo a varias guerras. Los Estados Unidos es lo que tiene: una historia un tanto belicosa.

 [Vista desde el Lincoln Memorial del Obelisco y la Reflecting Pool congelada]

Esta semana ha transcurrido sin demasiadas novedades aunque no por ello ha sido una semana precisamente tranquila. No sé si recordáis (o si leísteis) que en el post tenía un misterio invitado viviendo en mi edredón. Pues bien, a pesar de todos mis esfuerzos por aniquilarlos… las picaduras fueron en aumento llegando a presentar unas miedosas reacciones alérgicas que me obligaron a ir médico. ¿Veredicto? Chinches. ¿Tratamiento? Cambio inmediato del colchón y fumigación experta del cuarto. Así que la noche del miércoles estrenamos mi adorado sofá y el viernes estrenamos cama. La verdad es que a muchos les ha sorprendido que en un país tan “desarrollado” como Estados Unidos se puedan dar casos de chinches pero al parecer es una plaga que vive con total impunidad.

Una vez liquidadas y exterminadas bajo los efectos del pesticida y sobre todo tras tanto tiempo de convivencia conjunta, pensé que lo más justo sería rendirles un homenaje visitando el cementerio de Arlington. Jajajaja. Hombre, el motivo de mi visita lógicamente no fue presentarle mis respetos a mis excompañeros de piso, pero la verdad es que el plan que me propusieron los brasileros para el sábado llego en el momento de enterrar los fantasmas de nuevas picaduras y disfrutar de un hogar (por fin) libre de insectos.

[Cementerio de Arlington: famoso por sus miles de lápidas iguales y perfectamente alineadas]
-Stay toon for more-

martes, 16 de febrero de 2010

Feria de las variedades

Sí, sí. Se que el título correcto es Feria de las Vanidades, pero este es mi blog y lo que yo os voy a contar en este post es un cúmulo de variedades que por sí solas, tal vez no destacan como para una pequeña historia pero que en conjunto pueden resultar graciosas.

Como sabréis nada más mudarme al piso en Courthouse (vamos mi piso, el único piso en el que he estado en Washington) tuve que enfrentarme a la ahora graciosa pero en su momento dura tarea de exterminar a mis amigas las cucarachas. Pues bien, tras casi un mes creo que puedo dar la misión por concluida y además con éxito, pero no lo voy a decir demasiado alto no sea que por la maravillosa Ley del señor Murphy me arrepienta de mis palabras. De hecho, estoy segura de que no las he matado sino que aprovechando estos días de frío y mucha nieve han decido emigrar a zonas más cálidas (si es que no tienen ni un pelo de tontas).

El problema es que yo no he podido emigrar y para combatir las gélidas temperaturas estuve casi toda la semana atrincherada en mi cama y está claro que se debía de estar muy bien porque al parecer no era el único ser vivo entre el edredón. Fuera lo que fuese me dejó como un colador y aunque me llena de orgullo saber que por mis venas corre sangre de primera calidad, el tener que enfrentarme durante todo el día y a lo largo de varios días al intenso picor de sus mordiscos no es algo que me hiciera tanta gracia. Obviamente, para cuando me dí cuenta de la existencia de mis compañeros de cama el daño ya estaba hecho pero eso no impidió que me armara hasta los dientes para combatir la nueva plaga que azota mi pequeño paraíso.

 [Cualquier protección es poca contra estos bichos]

Víctima del baile del sambito, con unas ganas incontenibles de salir de casa tras una semana encerrada y encima ahora llena de las picaduras de mis misteriosos huéspedes, mis plegarias oyeron respuesta al recibir una invitación para un Happy Hour el jueves por la noche. FIESHTAAAA, te he echado de menos. A ella y a cualquier cosa relacionada con el mundo exterior. Además el plan pintaba de maravilla. La meta de este Happy Hour era reunir a todos los estudiantes de postgrado de la universidad sin importar su programa. ¿Resultado? Más de 150 personas de todo el globo con muchas ganas de emerger de la nieve y conocer gente.

Por cierto, paréntesis. ¿Alguien podría atreverse a traducir al español llano la expresión “Cabin Fever”? Para los que nunca la hayan oído, Cabin Fever viene a ser una mezcla entre claustrofobia y desesperación por estar encerrado/aislado durante mucho tiempo en el mismo lugar. Vamos, el típico subirse por las paredes o estar atrapado como un hámster en su rueda pero que en inglés queda mucho más bonito o al menos impactante por el tema de llevar la palabra “fiebre”. A ver si vosotros lingüistas de la red me podéis ayudar más que nada porque trasparecerlo, me parece curioso que en nuestro bello idioma no tengamos “sólo una palabra” para definirlo.

Volviendo a Washington:
 
[Vistas bonitas a cualquier hora. Salir por esta ciudad es lo que tiene…]

El Happy Hour fue un éxito rotundo y la verdad que resultó bastante fructífero ya que conocí a un grupo de alemanes que están haciendo un doctorado y aunque se van a finales de marzo, de momento se han convertido en un buen grupo de amigos con los que disfrutar el fin de semana. Por lo pronto, el sábado salimos juntos a celebrar el cumpleaños de uno de ellos y la verdad es que me divertí muchísimo. De hecho, como dato curioso os cuento que el local se llama “Jimmy Valentine's Lonely Hearts Club” vamos, el lugar perfecto para salir la víspera de San Valentine. Jajaja.

Por último, presentaros a la nueva joya de la casa: mi sofá.

 
[Ahora hace las funciones de sofá y oficina]
 
La verdad es que se ha hecho de rogar, pero la espera ha valido la pena y con él la casa tiene un aspecto mil veces más acogedor. Además con él queda oficialmente inaugurado el “Hotel Cat” ya que no es un simple sofá. Es un maravilloso sofá-cama. Una ganga. Como podréis deducir de la foto, casi casi venia por fascículos pero nada preocupante. Los gringos si hay algo que no saben, se lo inventan o lo copian y la verdad es que se les ha dado muy bien reproducir el modelo “ikea”. Cuatro patas, ocho tornillos y varios giros de muñeca después de abrir la caja, mi casa quedó tal que así:

 [Sed todos bienvenidos]
-Stay toon for more-